El Pais Semanal

Guillermo Abril / Carmen Pérez-Lanzac 27/04/2007
Los adolescentes son ruidosos, descarados, desgarbados... Pero ahí fuera hay muchos chavales con grandes historias de entrega y superación. Y están hartos de que se les juzgue por el tópico y las apariencias. Préstenles atención.
En el instituto Portada Alta de Málaga han conseguido algo extremadamente complicado: entre sus alumnos, ser bueno, mola. Todo empezó gracias a un equipo de profesores con ganas de aparcar discursos victimistas y de cambiar las cosas. Comprendieron que para mejorar la convivencia en el centro tenían que involucrar a los alumnos más sensibles. Así que se dedicaron a ficharlos. "No buscábamos a alumnos brillantes, sino a buena gente", explica Antonio Marfil, el director. "Chicos a los que no les gusta la bronca, y que cuando alguien lo pasa mal, sufren". Tras someter a un test a los candidatos empezaron a formarlos en la resolución de conflictos. Hoy, uno de cada cinco alumnos del centro (tiene 550) es mediador. Manejan con soltura pasmosa términos como "empatía" o "escucha activa". Chicos como Patricia Martínez, de 13 años, que acaba de empezar a formarse, y sonriéndose con todo su aparato dental, ya suelta frases como ésta: "Ante un conflicto hay que mostrar interés, darle confianza a la persona involucrada, parafrasear lo que nos cuenta para asegurarnos de que hemos entendido el problema". O como Dani Fuentes, de 17 años -"ex vago y tarugo"-, que despertó cuando empezó a formarse como mediador. O su novia, Rosita Merchán, de una madurez que impresiona y que hace de tutora de una alumna que le cuenta más a ella que a cualquier adulto.









