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Lunes, 30 de Abril de 2007 12:18

El Pais Semanal

Alumnos del IES

Guillermo Abril / Carmen Pérez-Lanzac  27/04/2007

Los adolescentes son ruidosos, descarados, desgarbados... Pero ahí fuera hay muchos chavales con grandes historias de entrega y superación. Y están hartos de que se les juzgue por el tópico y las apariencias. Préstenles atención.

 

En el instituto Portada Alta de Málaga han conseguido algo extremadamente complicado: entre sus alumnos, ser bueno, mola. Todo empezó gracias a un equipo de profesores con ganas de aparcar discursos victimistas y de cambiar las cosas. Comprendieron que para mejorar la convivencia en el centro tenían que involucrar a los alumnos más sensibles. Así que se dedicaron a ficharlos. "No buscábamos a alumnos brillantes, sino a buena gente", explica Antonio Marfil, el director. "Chicos a los que no les gusta la bronca, y que cuando alguien lo pasa mal, sufren". Tras someter a un test a los candidatos empezaron a formarlos en la resolución de conflictos. Hoy, uno de cada cinco alumnos del centro (tiene 550) es mediador. Manejan con soltura pasmosa términos como "empatía" o "escucha activa". Chicos como Patricia Martínez, de 13 años, que acaba de empezar a formarse, y sonriéndose con todo su aparato dental, ya suelta frases como ésta: "Ante un conflicto hay que mostrar interés, darle confianza a la persona involucrada, parafrasear lo que nos cuenta para asegurarnos de que hemos entendido el problema". O como Dani Fuentes, de 17 años -"ex vago y tarugo"-, que despertó cuando empezó a formarse como mediador. O su novia, Rosita Merchán, de una madurez que impresiona y que hace de tutora de una alumna que le cuenta más a ella que a cualquier adulto.

 

 

El programa Educar en el conflicto del Portada Alta ha recibido el primer premio de Buenas Prácticas de Convivencia del Ministerio de Educación. Su auténtico éxito es que los mediadores no están mal vistos por el resto de sus compañeros. Es más: hay alumnos de perfil conflictivo que quieren ser mediadores. Porque el Portada Alta no es precisamente una balsa de aceite: está en una zona socialmente precaria, y más de una silla ha volado por la ventana de un aula. Cuando hay piques -"¡me ha llamado gilipollas!"-, los mediadores intervienen; cuando ven a un alumno acosado -"negro de mierda, conguito"-, también. Es emocionante oírles expresarse. La destreza que están adquiriendo les va a ser muy útil en el futuro. Mientras tanto están ahí, en el patio, mezclados con los demás. Los aliados perfectos.

 

“Ayudamos a resolver conflictos en el instituto”. Rosa Merchán, Daniel Fuentes y Patricia Martínez. 17, 17 y 13 años. Málaga. Tres de los 55 mediadores del instituto Portada Alta.

 

Desde que entró al Portada Alta, Patricia -amante del reggaeton, posible futura enfermera- lo tuvo claro: en cuanto pudiera, empezaría a formarse como mediadora para ayudar a resolver conflictos en el instituto. Lleva unos meses aprendiendo y dice que ya empieza a ser “más paciente, a escuchar, a ponerme en el lugar de los demás”. En breve mediará en conflictos reales junto a otro mediador con más experiencia. Quizá lo haga con Dani. Quién le ha visto y quién le ve. Repitió curso dos veces, no iba a clase? Un día se fijó en un cartel: “Tú no eres una isla. Los demás te necesitan. ¿Quieres ser mediador?”. Desde entonces ha cambiado mucho. Estudia (quiere ser mecánico) y está saliendo con Rosita, otra mediadora. Rosita lleva dos años mediando y es tutora personal de Miriam, alumna conflictiva: 103 amonestaciones en lo que va de curso y 10 suspensos. Miriam reconoce que hablar con Rosita la hace “reflexionar”. Y Rosita quiere que sepan que los mediadores no son bichos raros: “Salimos, lo pasamos bien y lo compaginamos haciendo cosas buenas por el resto”.